En defensa de Žižek

By • Jul 1st, 2017 • Category: Albistekaria, Atal Berezia

zizek1Sigmund Freud concibió el superyó como un instrumento normativo, pero se entiende mejor como si fuera un aparato productor de censura. Al fin y al cabo, sus estrictas restricciones no provienen de ninguna fuente interior; no se trata de ninguna imaginación moral. Las normas se reciben primero del exterior y luego se internalizan y se aplican. El superyó de Freud no conduce al ego hacia principios elevados o una particular sensibilidad respecto a la injusticia. “Se puede considerar al super-ego como un modo de conciencia que castiga el mal comportamiento con sentimientos de culpa”, escribió Freud en su Introducción al Psicoanálisis. Cuando se detecta una transgresión, el superyó inflige una herida psíquica. El super-ego ya no es conciencia sino un sacerdote automatizado y el mecanismo es simple: lo que entra es el pecado y lo que sale es la censura. Y si te pasas un poco serás excomulgado.

El valor social y la autoestima de tanto respetable progresista de orientación intelectual (académicos, periodistas, artistas, activistas…) se basa en esta conciencia de culpa interiorizada. Solo que la oposición moral se convierte ahora en el asidero normativo y censurador más natural y eficaz para construir y defender un cordón sanitario que no tolera disensiones. De ahí que los pocos que lo cuestionan sean apuntados públicamente con el dedo.

¿Por qué tanto progresista respetable pretende excluir el trabajo intelectual de otros en base a una moralidad virtuosa superior? ¿Por qué, además, esa pretensión se traduce siempre en aislar dilemas (éticos) específicos para así evitar abordar el contexto más amplio?

Durante los últimos meses una campaña anti-Žižek ha ido tomando cuerpo en la izquierda que también ha encontrado su debido eco en Euskal Herria. Un solo periodista respetable, que podía incluso afirmar haber entrevistado personalmente a Žižek en el pasado reciente, sintió que ahora se encontraba legitimado para convertir al héroe en villano en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cómo es posible despachar a Žižek al por mayor por unas cuantas cuestiones concretas y aisladas además de malentendidas y, como consecuencia, malinterpretadas?

Es cierto que Žižek “respaldó” a Donald Trump públicamente, pero lo que se debió perder en la traducción es que sólo vio la victoria electoral de Trump como un desastre; un desastre que tal vez podría instigar la aparición de una rejuvenecida izquierda en Estados Unidos.

Es cierto que Žižek, en lugar de participar en el coro monocorde de Bellas Almas al son de salmos saturados de indignación moral, adoptó una posición polémica con respecto a la crisis de los refugiados, tan polémica que solo proponía (y propone) una acción concertada paneuropea e internacional (mundial) para resolver la crisis.

zizek2Y es cierto que Žižek tiene una alta estima del legado radical del proyecto de la Ilustración, que es europeo en su esencia, pero de ahí a sugerir que es el paladín del eurocentrismo es también una manera muy conveniente de evitar abordar la cuestión más general, a saber: el desafío de Žižek a la actual preocupación generalizada de la izquierda con la diversidad cultural. Puesto que el multiculturalismo para Žižek no es más que una simple máscara sostenida por el capital global y no una fuente intrínseca de liberación.

De hecho, para Žižek, que aquí se hace eco de Alain Badiou, quienes ocultan la realidad de la perversión capitalista propagando una falsa imagen de liberación son unos embusteros. Soñar con alternativas solo es posible si no nos impide, a su vez, pensar hasta el final los límites de nuestra propia situación, que según Žižek, y descrita en términos psicoanalíticos, siempre extrae su energía de una dimensión de clase reprimida.

Pero la preocupación de este periodista no era la filosofía política de Žižek ni su recurso al psicoanálisis desde una perspectiva de izquierdas. Por ello no encontraremos en su ‘crítica’ reflexión alguna en torno al hecho de que Žižek representa un reto a la imagen ufana que nos damos de nosotros mismos en tanto en cuanto portadores de una posición moral superior. Y ninguna reflexión, desde luego, sobre cómo las urgencias particulares que nos comprometen al activismo político partidario acaban, con demasiada frecuencia, en puras orgías narcisistas!

Simple y llanamente, lo que este periodista buscaba era disminuir aún más el ya de por sí débil impacto político del pensamiento de Žižek en Euskal Herria intentando empañar su reputación. El mecanismo encubierto es simple: entra(n) Laclau (y Butler) y sale(n) Žižek (y Badiou). Y si te pasas un poco serás excomulgado.

Para Žižek, el cordón sanitario de la corrección política vigente hoy en día es un nuevo instrumento normativo autoritario, un aparato productor de censura que, desde un sentimiento de culpa histórico predica la tolerancia y apertura hacia el otro excluido mientras que en realidad practica una extrema intolerancia hacia puntos de vista verdaderamente diferentes. Žižek se ve obligado a reafirmar esta postura, que va dirigida indistintamente contra el ‘identity politics’ que ha fagotizado a la izquierda actual, en el contexto de otra acusación, esta vez de expresar dudas sobre ciertos aspectos del LGBTI+ en sus teorías sobre la política sexual.

En realidad, el problema fundamental aquí no se encuentra en las políticas de la identidad, ni las políticas culturales, ni las políticas sexuales per se. De hecho: Vive la différence! Lo que es intolerable, sin embargo, es la mala fe que ocasionalmente rezuma en artículos de opinión donde se revelan tácticas claramente deshonestas en términos intelectuales. Tal es, por ejemplo, la sugerencia absurda de una intervención reciente instando a las feministas heterosexuales a unirse a las filas de las políticas sexuales lésbicas — incluida la sugerencia de que se tome una medida práctica radicalmente decidida para combatir efectivamente el heteropatriarcado: dejar de ‘follar con el enemigo’—donde enemigo es igual a hombre.

Habrá quien piense que se trata simplemente de una provocación retórica no exenta, incluso, de validez en términos lógico-teóricos. Lo que yo encuentro, en cambio, es un caso de excomunión de progresistas sobre bases progresistas donde el debate, si se permitiera, sólo empujaría a los hombres a anticipar su futura condición de seres resentidos finalmente, y literalmente, emasculados y protestar así contra la flagrante “apropiación (bio-)cultural” que el uso obligado de consoladores supondría en la nueva economía libidinal lesbiana.

zizek3Si bien ser intelectualmente deshonesto es sencillo espero que mi momento de debilidad no conduzca a minimizar la seria crítica que subyace en las posiciones que Žižek defiende. Una crítica que se complica aún más cuando nuestra euforia activista nos conduce a evitar, si no prohibir secretamente, todo pensamiento serio porque es probable que ofenda o cause conflicto con alguna identidad marginada o invisibilizada. Una crítica que yo también extiendo ahora al actual movimiento pro-independentista vasco.

En principio, no hay nada perjudicial en abrazar vigorosos y emotivos relatos multiculturales de justicia y derechos para todo el espectro de subjetividades culturales y sexuales subordinadas habidas y por haber — el reciente anuncio del alcalde de Iruñea, ​​Joseba Asirón, de clausurar las fiestas de San Fermín con una procesión multicultural es un ejemplo obvio. Pero el problema no es celebrar la diversidad. El problema es mezclar celebración con liberación. Y si el movimiento pro-independencia de izquierda no enmarca debidamente la cuestión de la diversidad y la migración en términos de economía política materialista y, digámoslo sin sonrojarnos, universalista, acabaremos siendo unos simples embusteros.

A Žižek se le debe dar crédito por lo menos en tres aspectos interrelacionados. En primer lugar, nos ofrece un método materialista sólido y no reduccionista para identificar conflictos y contradicciones a escala global en los que él denomina bienes comunes de la producción intelectual, la ecología, la biogenética y la exclusión de las poblaciones excedentes del mundo.

En segundo lugar, Žižek desafía la falsedad extendida de que si bien sus diagnósticos pueden ser certeros sus remedios son siempre impracticables. Por ejemplo, abogar por construir una nueva sociedad bajo los auspicios de un gobierno mundial no parece ofrecer soluciones realistas o un curso de acción eficaz. Pero debería estar claro que esa propuesta “imaginaria” ofrece un curso de acción más práctico y pragmático que cualquier ‘utopía’ basada en construir un paraíso identitario estrechamente normativo y controlado.

Žižek, además, no lo olvidemos, es pragmático y realista en un sentido más concreto puesto que recomienda a los auténticos revolucionarios defender políticas y propuestas modestas y razonables ajustadas al momento de retroceso que vive la izquierda.

Y en tercer lugar, a Žižek se le debe atribuir igualmente la rehabilitación del psicoanálisis como marco teórico subversivo. La rehabilitación lacaniana de materialismo dialéctico de Žižek supera el paradigma freudiano del ego atrapado en el sentimiento de culpa y la autocensura. Añádase a ello que también reivindica la noción de imperfección, de inspiración claramente cristiana, y ya podemos concluir que, a pesar de ciertas tentativas excluyentes (de) intelectuales respetables de izquierdas inmaculadamente concebidas, Žižek se resiste a ser excomulgado de la comunidad de creyentes en una sociedad más justa—donde justa es igual a comunista.

 

Imanol Galfarsoro

Editor General del International Journal of Zizek Studies (IJZS)

(gara/naiz: 19/07/2017)

Bere ikasketak eta irakaslanak Frantzian, Londresen eta Renon burutu ondoren orain Leeds-eko uniberstitatean ari da Komunikabide eta Soziologia sailen artean multikulturalismoari buruz lanak egiten. Kultura eta identitate erbesteratuak (Nomadologua subalternoak) (Pamiela, 2005) eta Subordinazioaren Kontra (Pamiela, 2008) liburuen egile, Zizek Ikasketak-Nazioarteko Aldizkaria elkektronikoan (IJZS) itzulpen eta edizio lanetan dihardu, Ikasketa Subalterno kolektibotik sortutako Critical Stew proiektoaren kide da eta Lapiko Kritiko euskarazko sailaren suztatzaile.
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3 Responses »

  1. […] Galfarsorok artikulu bat idatzi du Lapiko Kritikoan Slavoj Zizek defendatzen eta blog honetan argitaratu genuen post bat zeharka aipatuz. Jarraian […]

  2. DEFENDIENDO A QUIEN NO NECESITA DEFENSA (EN RESPUESTA A IMANOL GALFARSORO)

    En éste árticulo Imanol Galfarsoro cita indirectamente un post que publiqué en mi blog y me veo obligado a responderle, para aclarar algunas cosas.

    Un poco de psicología: el pensamiento distorsionado

    Aprovechando que Galfarsoro comienza su artículo citando a Freud, utilizaré un poco de psicoanálisis en la primera parte de esta respuesta, porque visto el material que tenemos entre manos no está de sobra. Me parece necesario poner sobre la mesa explicaciones que en un debate corriente no harían falta, antes de entrar en otras cuestiones.

    Cualquiera que busque en Google qué son los pensamientos distorsionados se encontrará rápidamente con autores como Albert Ellis y Aaron T. Beck –por ejemplo en la web de la UPV se puede consultar un documento elaborado por Naiara Ozamiz Etxebarria y Virginia Guillen Cañas titulado “Pentsamendu irrazionalen tratamendua” (Tratamiento del pensamiento irracional)–. En el artículo “En defensa de Zizek” Galfarsoro cae en más de una ocasión en ese tipo de pensamiento cuando, por ejemplo, habla de una campaña contra el esloveno y, sin citar mi nombre, dice que participo en ella. Digámoslo claro: si ese complot contra Zizek se basa en artículos como el mío, sus seguidores pueden dormir tranquilos, porque es bastante quijotesco tener que defender de un periodista de ARGIA a un intelectual público que entrevistan en la BBC, publica en la editorial Verso y tiene una revista internacional dedicada a investigar sobre su trabajo. Es más, diría que hay algo de teatro en todo esto. Imanol, sabes que son molinos, no gigantes.

    Pero la cosa no acaba ahí. Después de decir que soy parte de esa campaña, el pensamiento distorsionado de Galfarsoro cree saber también con qué intenciones escribí el artículo que cita indirectamente, cuando dice lo siguiente: “Lo que este periodista buscaba era disminuir aún más el ya de por sí débil impacto político del pensamiento de Žižek en Euskal Herria intentando empañar su reputación”. Pensar que sabemos cuáles son las intenciones de otros no puede ser un punto de partida para un análisis serio. Por ejemplo, yo no puedo empezar a decir que Galfarsoro ha escrito su artículo intentando destruir el periodismo en euskera, porque hacen falta pruebas para demostrar eso y, si no se tienen, empiezan a aparecer en las cosas que escribimos películas que nos hemos montado en nuestras cabezas –ya de paso, mi intención era bastante más modesta: quería dar a conocer las dudas que me ha generado Zizek últimamente con lo que ha escrito sobre la crisis de los refugiados–.

    Galfarsoro va más allá: “El mecanismo encubierto es simple: entra(n) Laclau (y Butler) y sale(n) Žižek (y Badiou). Y si te pasas un poco serás excomulgado”. No sabía por dónde coger una frase que me toma por una persona tan programática, porque no he planteado en ningún sitio nada parecido, y espero que nunca cometeré el error de utilizar a ningún teorizador como si fuera El libro gordo de Petete que sirve para todo. Lo repito: lo único que planteaba en el artículo que escribí hace cuatro meses era que, en mi opinión, Zizek ha patinado en el tema de los refugiados y que, como consecuencia, personalmente le doy menos crédito que antes. Tengo la impresión, sobre todo cuando habla de la excomunión, que Galfarsoro hace una proyección, un “blame shifting” por el cual hace responsables a otros de actitudes que pueden ser suyas. El resto es una afirmación que no tiene dónde agarrarse.

    Sobre la corrección política: ¿Estamos jugando en el terreno discursivo de la derecha?

    “Para Žižek”, prosigue el artículo, “el cordón sanitario de la corrección política vigente hoy en día es un nuevo instrumento normativo autoritario, un aparato productor de censura que, desde un sentimiento de culpa histórico predica la tolerancia y apertura hacia el otro excluido mientras que en realidad practica una extrema intolerancia hacia puntos de vista verdaderamente diferentes”.
    Creo que el ingrediente principal del artículo de Galfarsoro está ahí: defender a Zizek porque hace un discurso que no es “políticamente correcto” y lo hace desde la izquierda –y eso lo hace sexy en comparación con otros intelectuales de izquierda–. El problema es que Galfarsoro no ha calibrado el peligro que supone utilizar la expresión “políticamente correcto” –y para ser honestos, yo tampoco lo había hecho hasta hace poco–, que es muy difusa. Por eso, plantea el debate desde un marco que le han impuesto otros.

    Pienso que ya es hora de que problematicemos la idea de lo “políticamente correcto”, porque se está convirtiendo en un problema grave para cualquiera que quiera proponer políticas progresistas. Lo vemos cada día, se ha convertido en tema de conversación entre amigos: ¿No quieres que quiten la RGI? Eres políticamente correcto. ¿Dices que ese chiste ha sido racista? Políticamente correcto. ¿Feminista, eh? Políticamente correcto.

    Moira Weigel tiene un artículo bastante profundo, publicado el año pasado en The Guardian, en el que hace una genealogía de esa expresión. Según explica, “hasta el final de los 80 el termino ‘corrección política’ se usaba exclusivamente en la izquierda y casi siempre de forma irónica, como crítica a la excesiva ortodoxia. (…) Pero pronto, la derecha resignificó el término y cambió de arriba abajo su significado. (…) Dijeron que la corrección política era el programa de la izquierda y que se estaba haciendo con el control de las universidades e instituciones culturales de EEUU. (…) La corrección política fue un invento muy útil para la derecha Republicana, le ayudó a meter una cuña entre la clase trabajadora y los Demócratas que decían hablar en nombre de ella. La ‘corrección política’ sirvió para establecer en la imaginación pública la idea de que había una profunda división entre la ‘gente normal’ y la ‘élite progresista’, en la cual ésta última trataba de controlar el discurso y la forma de pensar de la gente normal. La oposición a la corrección política se convirtió también en una forma políticamente aceptable de renombrar el racismo en la época posterior a los movimientos pro derechos civiles”.

    Pues Galfarsoro, en defensa de Zizek, nos invita a pelear contra ese enemigo fantasma construido por la derecha neoliberal, para dejar de lado la idea de un “paraíso identitario estrechamente normativo y controlado”. ¿Se habrá creído el truco, pensando que planteamientos políticos que se han estructurado en torno a derechos fundamentales –el antirracismo, el feminismo, el ecologismo… etc.– son otra cosa, una especie de dogmas que no admiten discusión? Se muestra preocupado porque esos principios provocan “autocensura” y “sentimiento de culpa”. No sé si se da cuenta de que si sigue por ese camino el saco de lo “políticamente correcto” se hace enorme, hasta el punto de que puede caber cualquier cosa dentro. Seguramente no, visto el uso abusivo que hace de otro concepto, el de las “bellas almas” de Hegel –todos somos bellas almas menos él y los que están de acuerdo con lo que dice–. Sinceramente, creo que de ahí a decir que vivimos bajo una especie de “dictadura de las minorías” hay un paso. Y ese sí que es un marco estrechamente normativo y controlado: el del establishment.

    Sobre la forma en la que está escrito el artículo y el idioma

    Además, en el artículo “En defensa de Zizek”, Galfarsoro habla de falta de honestidad intelectual. Me gustaría hacer un par de apuntes sobre eso, teniendo en cuenta el estilo indirecto en el que Galfarsoro ha escrito el artículo y el idioma que ha utilizado. Por una parte, se podía haber evitado imitar a Mariano Rajoy con frases tipo “esa persona de la que usted me habla”. Si vas a responder a algo que ha escrito alguien, hay que poner por lo menos el título del artículo al que se hace referencia, para que quien te lea tenga la oportunidad de consultarlo.

    Por otra parte, me resulta llamativo que Galfarsoro pase al castellano en un debate que empezó en euskera. Eso también, como no citar el título, es una actitud intelectualmente deshonesta: a las personas que sólo pueden leer en castellano se les quita la oportunidad de tener acceso a una parte de la información y pone en una posición de poder al que escribe en el idioma normalizado frente al que lo ha hecho en el minorizado.

    Vamos a debatir, pero vamos a hacerlo con limpieza.

  3. Ona, Gorka!

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